Publicado el 30/05/2015 Por:

Teoría de la mente en Gran Hermano et al.: sobre el ser “falso” o “hablar con el corazón”

view it El concepto teoría de la mente fue utilizado por Premack y Woodruff (1978) para expresar la capacidad de los animales de atribuir estados mentales a los demás, estados mentales independientes a uno mismo, con el fin de entender y predecir sus comportamientos. Centrándonos en la actividad humana, tener una buena teoría de la mente significa poseer la habilidad para comprender y predecir con relativa eficacia las cogniciones, las emociones y las conductas de otras personas.

En última instancia, nuestra teoría de la mente nos permite saber lo que otros saben, pensar lo que otros piensan y sentir lo que otros sienten, con una precisión variable en función de nuestra habilidad. Bien es cierto que esta habilidad, por deseable que parezca, se distribuye en la población general según la curva normal; igual que el resto de capacidades humanas. Por explicarlo con pocas palabras, esto significa que existen pocas personas con muy buena teoría de la mente, un gran número de personas con una teoría de la mente media o normal y otras pocas personas con muy mala teoría de la mente; al igual que las hay con buena memoria y mala memoria o las hay con buenas habilidades musicales y malas.

Esta es una de las características que nos hace más humanos, en la medida en que sólo un puñado de especies superiores somos capaces de engañar para conseguir objetivos, alegrarnos por los éxitos de los amigos, consolarlos en las derrotas o entristecernos por la muerte de otros individuos de la especie, ¡e incluso de otras especies! Comportamientos todos ellos que requieren del individuo una buena teoría de la mente.

En esta línea, existen personajes de las series de televisión, como Greg House, Bones, Barney Stinson o Sheldon Cooper, que presentan evidentes alteraciones a la hora de predecir los sentimientos de los demás o, al menos, los ignoran al no ser capaces de imaginárselos en ellos mismos. Tienen una mala teoría de la mente, al igual que las personas con trastornos del espectro autista (p. ej. síndrome de Asperger) o ciertos trastornos de la personalidad. Estos personajes de ficción resultan divertidos en la televisión, pero nunca llegarían a ser nuestros amigos en la vida real y los evitaríamos intencionadamente si fueran nuestros compañeros de trabajo.

Pues bien, cuando uno repasa mentalmente las últimas ediciones de Gran Hermano, Supervivientes, Isla de los Famosos y demás reality shows, encuentra que resulta socialmente penalizado ser “falso”, lo que viene a definir a las personas que no expresan sus quejas hacia los demás “a la cara”, que hablan “pensando lo que dicen” o que “se callan lo que piensan” aunque, y esta es la clave de la cuestión, puedan hacer daño a los que las rodean. Por otro lado, está muy bien visto “hablar con el corazón”, cualidad que al parecer define a aquellos que dicen “lo que sienten en todo momento” porque “van siempre de cara”; y ésto, aun a costa de hacer daño bajo la excusa: “yo soy así, y siempre digo lo que pienso”.

Este renovado concepto de sinceridad extrema se entremezcla con la ausencia o el déficit en la teoría de la mente y, porqué no decirlo, roza delicadamente la psicopatía. El problema no es si eres sincero o falso – cuyo antónimo más certero sería auténtico – sino si eres sincero o falso en los momentos adecuados. ¿Cómo se sentiría uno de estos sinceros extremos si al llegar invitados a su casa éstos le expresaran realmente lo piensan de la decoración? ¿cómo se sentiría un sincero extremo cuando alguien le haga notar que sus años no pasan en balde o comenten cómo le sienta ese último traje que se ha comprado? Y es que, como ocurre con todas las cualidades humanas, no resulta adaptativo posicionarse en los extremos; y menos aferrarse e identificarse con ellos.

Yo, por mi parte, como amo a mi mujer, quiero a mi familia y mis amigos, estimo a mis conocidos y, en general, aprecio y respeto a toda mi especie, seguiré siendo un poco falso cuando la situación lo requiera; signifique eso lo que signifique. Al fin y al cabo, tener una buena teoría de la mente debe ser algo parecido a lo que nuestros abuelos llamaban ser educado; mejor dicho, no ser maleducado, que poco o nada tiene que ver con los años de escolaridad.

http://tadalafil-sr.com take a look at the site here Referencias.        

  1. Premack D, Woodruff G. Does chimpanzee have a theory of mind?. Behav Brain Sci 1978; 4: 9-30.

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