Publicado el 15/05/2015 Por:

Los modelos en la selección de tareas y materiales para la estimulación cognitiva del lenguaje

Resulta crucial que la selección de las tareas a realizar y los materiales que se utilicen durante la estimulación cognitiva se enmarquen en un modelo cognitivo previamente validado. De no ser así, la estimulación cognitiva resultaría arbitraria, convirtiéndose en un mero pasatiempo dudosamente terapéutico. En esta línea, a modo de ejemplo, el profesional puede seleccionar, de entre la variedad de propuestas teóricas, el modelo de atención de Sohlberg y Mateer, (1987), el modelo integrador de las funciones ejecutivas de Tirapu, Muñoz y Pelegrín (2002), la propuesta de reformulación de los modelos de memoria de Ruiz, Fernández y González (2005) o el modelo de doble ruta para el lenguaje, tal y como lo propone Cuetos (1998); así como otros modelos que den cuenta de los procesos de reconocimiento perceptivo (Humphreys y Riddoch, 2001) o del control motor voluntario (Ochipa, Rothi y Heilman, 1992). La meta ideal de seleccionar un conjunto de aproximaciones teóricas basadas en la evidencia científica es que el profesional tenga siempre presente un modelo acerca de cómo trabaja el sistema cognitivo, para saber en cada momento qué proceso o subproceso está funcionando de una manera deficitaria y cómo poder beneficiarse de los procesos o subprocesos que conservan un funcionamiento normal.

Existen otras consideraciones a tener en cuenta a la hora de programar las sesiones de un paciente mayor, con o sin deterioro cognitivo: en términos generales, se recomienda comenzar la sesión administrando tareas sencillas, con el objetivo de minimizar la frustración, incrementando progresivamente la dificultad hacia la mitad de la misma y terminar, de nuevo, con tareas relativamente sencillas. Esta graduación de la complejidad de las tareas debe ir acompañada también por una división – basada en el modelo teórico que se use – de los diferentes componentes involucrados en la ejecución correcta de cada tarea; amén de impartir instrucciones simples y claras que ayuden a estructurar y ejecutar la respuesta, y utilizar el material estimular más ecológico posible en función de los antecedentes personales, laborales y familiares del paciente.

En el caso de la intervención sobre el lenguaje, la selección de los estímulos hablados, escritos o pictóricos debe tener en cuenta los diferentes niveles de afectación de los diferentes componentes del sistema lingüístico y, además, qué variables son las que, en cada caso, están comprometiendo la comunicación. Entre las tareas más clásicas de estimulación del lenguaje encontramos:

– Aquellas que deben realizarse de forma oral: denominación de láminas con dibujos o fotografías y conversar sobre las mismas, fluidez de evocación fonológica y semántica, juego de palabras encadenadas, completar frases a las que les falta la última palabra, completar refranes y dichos populares, discriminación y repetición de palabras, frases y pseudopalabras, deletrear en orden directo e inverso, o cumplir órdenes de tipo motor.

– Aquellas centradas en la estimulación del sistema semántico, ya se presenten de forma oral o mediante fichas a cumplimentar en papel: clasificación de palabras en categorías, emparejamiento palabra-palabra y palabra-dibujo, búsqueda de sinónimos y antónimos, discriminación de palabras relacionadas y no relacionadas, definiciones de palabras o explicación de refranes, dichos populares y símbolos convencionales.

– Aquellas orientadas a promover los procesos de lectoescritura: discriminación y lectura en voz alta de palabras, frases, textos o pseudopalabras, fluidez de palabras y frases escritas, completar raíces de palabras o palabras incompletas, generar palabras a partir de unas letras dadas, completar frases a partir de diferentes opciones, ordenar frases para montar una historia coherente, redactar anécdotas del pasado o hacer  dictados sencillos.

También es importante considerar que, a la hora de crear o modificar tareas de estimulación cognitiva, se debe tener siempre en cuenta que la intervención sobre una habilidad no puede concebirse exclusivamente sobre esa habilidad; esto es así dadas las estrechas interrelaciones entre los procesos cognitivos. El funcionamiento del cerebro es como una orquesta en la que, con frecuencia, es difícil distinguir los instrumentos que están sonando (Ruiz, Pedrero, Rojo, Llanero y Puerta, 2011, p.490). Es decir, resulta francamente imposible concebir una tarea, por ejemplo, de estimulación del lenguaje, que no comprometa a mecanismos perceptivos, o atencionales, o mnésicos, o ejecutivos o a las habilidades de lectura o escritura, o a varias de ellas a la vez; incluso a todas. De hecho, las tareas presentadas anteriormente sólo recogen algunas de las múltiples tareas que estimulan el lenguaje cuando, a su vez, están estimulando otros procesos cognitivos (p. ej. trabajar la memoria con una lista de palabras o la atención al cancelar palabras entre distractores).

Por ello, la estimulación cognitiva de una determinada función debe considerar holísticamente el funcionamiento de todos los mecanismos que, de un modo u otro, afectan o pueden afectar al proceso implicado y, en última instancia, a la efectividad del tratamiento. Esto es, aspectos puramente cognitivos, como los comentados antes, y también aspectos conductuales y emocionales como la presencia de apatía, anosognosia, alteraciones de conducta o sintomatología depresiva o ansiosa, entre otros.

Referencias.

Cuetos-Vega, F. (1998). Evaluación y Rehabilitación de las Afasias. Aproximación cognitiva. Madrid: Medicapanamericana.

Humphreys, G. W. y Riddoch, M. J. (2001). The neuropsychology of visual object and space perception. En Goldstein, B. (Ed.), The Blackwell handbook of perception.Oxford: Blackwells.

Ochipa, C.R., Rothi, L.J.G. y Heilman, S.M. (1992). Conceptual apraxia in Alzheimer’s disease. Brain , 115, 1061–1071.

Ruiz Sánchez de León, J.M., Fernández Guinea, S. y González Marqués, J. (2006). Aspectos teóricos actuales de la memoria a largo plazo: de las dicotomías a los continuos. Anales de Psicología, 22, 290-297.

Ruiz-Sánchez de León, J.M., Pedrero-Pérez, E.J., Rojo-Mota, G., Llanero-Luque, M. y Puerta-García, C. (2011). Propuesta de un protocolo para la evaluación neuropsicológica de las adicciones. Revista de Neurología, 53, 483-493.

Sohlberg, M.M. y Mateer, C.A. (1987). Effectiveness of an attention-training program. Journal of Clinical Experimental Neuropsychology, 9, 117-130.

Tirapu-Ustárroz, J., Muñoz-Céspedes, J.M. y Pelegrín-Valero, C. (2002). Funciones ejecutivas: necesidad de una integración conceptual. Revista de Neurología, 34, 673-685.

Puede consultar el artículo completo en:
Ruiz-Sánchez de León, J.M. (2012). Estimulación cognitiva en el envejecimiento sano, el deterioro cognitivo leve y las demencias: estrategias de intervención y consideraciones teóricas para la práctica clínica. Revista de Logopedia, Foniatria y Audiologia, 32, 57-66.