Publicado el 15/05/2015 Por:

Estimulación cognitiva: mucho más que repetir y repetir ejercicios

A pesar del respaldo científico y la aceptación social de la estimulación cognitiva, la proliferación de programas orientados a la prevención primaria y secundaria del deterioro cognitivo ha conllevado, en ocasiones, un sacrificio importante de su calidad. Así, es habitual encontrar documentos que, bajo los rótulos “estimulación cognitiva”, “entrenamiento cognitivo”, “taller de memoria” o, incluso, “gimnasia cerebral”, proponen la administración indiscriminada de ejercicios variados, habitualmente mediante fichas independientes a cumplimentar, que contienen diferentes tareas que comprometen la atención, la memoria, el lenguaje o cualquier otro proceso cognitivo. Este tipo de estimulación no específica parece tener su origen en la creencia popular de que la mera repetición de tareas resulta suficiente para la generalización de los beneficios en la vida cotidiana.

En efecto, buena parte de la intervención neuropsicológica se fundamentan en la repetición, dada la relativa preservación de la memoria implícita en los pacientes con deterioro cognitivo. No obstante, no se debe confundir la utilidad de la repetición para desarrollar aprendizajes procedimentales y favorecer el mantenimiento de actividades de la vida diaria, con la repetición de ejercicios de estimulación cognitiva. En el primer caso, el objetivo de la repetición intensiva y ritualizada tiene el objetivo de fortalecer una respuesta o una secuencia de respuestas orientadas a una meta concreta, como preparar un desayuno, realizar la higiene personal, vestirse o acudir al Centro de Día habitual. En el segundo caso, y dada la modesta generalización de los beneficios, no tiene mucho sentido repetir una y otra vez una determinada tarea de estimulación cognitiva aunque, a priori, sea la tarea más adecuada para intervenir sobre el paciente. En este sentido, la práctica profesional nos enseña que la mejoría de los individuos realizando tareas de fluidez verbal o denominación de objetos tiene un beneficio relativo a la hora de enfrentarse a una actividad real, como pedirle un determinado producto a un dependiente en un supermercado o a un camarero en un restaurante.

Por otro lado, la masificación de los servicios públicos y privados obliga a muchos profesionales a optar por intervenciones grupales, reduciendo así la efectividad de las mismas. En otros casos, estos pseudoprogramas de estimulación cognitiva mediante fichas con ejercicios son planteados para ser aplicados por familiares o cuidadores sin una formación adecuada para ello. Aquí surge, quizá, el problema más importante relacionado con la proliferación de programas de estimulación, en la medida en que muchos de ellos suelen obviar que debe ser un profesional clínico el que dirija y personalice el tratamiento.

Puede consultar el artículo completo en:
Ruiz-Sánchez de León, J.M. (2012). Estimulación cognitiva en el envejecimiento sano, el deterioro cognitivo leve y las demencias: estrategias de intervención y consideraciones teóricas para la práctica clínica. Revista de Logopedia, Foniatria y Audiologia, 32, 57-66.