Publicado el 20/05/2015 Por:

Bilingüismo temprano frente a bilingüismo tardío en el envejecimiento normal y patológico

Existen cinco sistemas funcionales cerebrales necesarios, pero no suficientes, involucrados en el aprendizaje y el procesamiento de la comunicación verbal: sistema conceptual, competencia lingüística implícita, conocimiento metalingüístico, habilidades pragmáticas y emoción/motivación. Dos de ellos, la competencia lingüística implícita y el conocimiento metalingüístico, son los componentes más relacionados con los trastornos afásicos.

La competencia lingüística implícita es adquirida incidentalmente, almacenada sin conciencia por parte del sujeto y usada de manera igualmente automática e inconsciente; está relacionada con el funcionamiento de la memoria procedimental y resulta poco susceptible a las interferencias de otros sistemas mnémicos. Por el contrario, el conocimiento metalingüístico es aprendido intencionalmente, almacenado explícitamente y depende de la memoria declarativa; sistema que resulta mucho más susceptible a las interferencias entre sistemas.

Estos dos tipos de memoria, procedimental y declarativa, son anatómica y funcionalmente diferentes, si bien ambas son necesarias para la comunicación verbal normal. La competencia lingüística implícita involucra el cerebelo derecho, el neoestriado izquierdo, otros ganglios basales y la corteza perisilviana; siendo la dopamina el principal neurotransmisor relacionado. El conocimiento metalingüístico involucra el sistema hipocampal: los lóbulos temporales mediales, el giro parahipocampal y la corteza cingulada anterior; siendo su neurotransmisor principal la acetilcolina.

Mientras que la estructura lingüística implícita (fonología, morfología y sintaxis) se relaciona con la memoria procedimental, las palabras – especialmente su semántica – forman parte de la memoria declarativa. En este sentido, se puede hablar de aprendizaje al referirnos al almacenamiento de conocimiento consciente, declarativo y explícito, mientras que se utilizará adquisición para referirnos a competencias implícitas, procedimentales y sin conciencia. El conocimiento es aprendido y la competencia adquirida.

Las memorias procedimental y declarativa se desarrollan de manera independiente, de acuerdo con su programación genética, aunque son susceptibles a diferentes agentes externos. A medida que la edad crece, la memoria procedimental se vuelve cada vez menos capaz de adquirir lenguaje, siendo cada vez más dependiente de la memoria declarativa para aprender conocimiento metalingüístico nuevo. Esto conlleva que el procesamiento de la segunda lengua (L2) en el bilingüismo tardío se realice con mayor esfuerzo.

Así, el periodo óptimo para la adquisición de competencia lingüística implícita depende de dicha programación genética – que determina que se adquiera prosodia, fonología, morfosintaxis, en ese orden – antes de que ese conocimiento deba ser aprendido de manera explícita y declarativa. Algunos pacientes bilingües con afasia se recuperan mejor de su L2 que de su primera lengua o L1. En otros casos, los pacientes amnésicos pierden al acceso a su L2 mientras que conservan su L1. En el caso de la enfermedad de Alzheimer, que cursa con amnesia para la información explícita pero conserva las habilidades procedimentales, es habitual encontrar pérdida de la L2 mientras se conserva el L1. Por el contrario, en la enfermedad de Parkinson, que cursa en deterioro de las habilidades procedimentales albergadas en estructuras subcorticales, es habitual encontrar dificultades antes en L1 que en L2; y antes en aspectos sintácticos que en los relativos al vocabulario.

Esto supone que al evaluar a pacientes bilingües se debe prestar especial atención a si los déficits observados en cada lengua son procedimentales o declarativos, si la ejecución es resultado de una capacidad residual o si usan estrategias compensatorias, ya sean por conocimiento metalingüístico o pragmático. De igual manera, la edad de adquisición de cada lengua tiene implicaciones sobre el rendimiento: mientras que las lenguas adquiridas desde el nacimiento están implementadas en la memoria procedimental y configuran una competencia lingüística implícita, las lenguas aprendidas con posterioridad están implementadas en la memoria declarativa y configuran conocimiento metalingüístico.

De esta manera, con el envejecimiento, los elementos lingüísticos relacionados con la memoria declarativa – como las palabras – se vuelven menos accesibles que otros aspectos de la comunicación relacionados con la memoria procedimental, como la prosodia o la fonología. Las segundas lenguas, por otro lado, no sólo mostrarán dicha pérdidas en el acceso a las palabras, sino que también aparecerán en otros aspectos que no fueron plenamente automatizados, como la fonología.

Referencias.         

Paradis, M. (1994). Neurolinguistic aspects of implicit and explicit memory: implications for bilingualism. In N. Ellis (ed.), Implicit and explicit learning of Second Languages (pp. 393-419). London: Academic Press.

Paradis, M. (2004). A neurolinguistic theory of bilingualism. Amsterdam: John Benjamins.

Paradis, M. (2008). Bilingualism and neuropsychiatric disorders. Journal of Neurolinguistics, 21, 199-220.

Paradis, M. (2009). Declarative and procedural determinants of second languages. Amsterdam: John Benjamins.

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Psicolingüística