Publicado el 26/05/2015 Por:

Del procesamiento controlado al automático

El aprendizaje procedimental – o adquisición de destrezas – parece desarrollase en tres fases diferenciadas: una etapa declarativa y otra que abarca dos subprocesos, uno de compilación y otro de procedimentalización (Anderson, 1982). En definitiva se trata de la transición desde una ejecución consciente, con mediación verbal, lenta y sujeta a errores a una ejecución inconsciente, sin mediación verbal, más rápida y certera. Inicialmente, para adquirir una determinada destreza, el sujeto pone a prueba hipótesis sobre cómo realizar correctamente su tarea y se basa en el feedback que recibe posteriormente para evaluar la calidad de su ejecución. Esta estrategia crea un conjunto de reglas acerca del “cómo se hace” en la memoria declarativa y su uso, en un principio, es lento e inexacto. La información se codifica como un conjunto de hechos en una red semántica que debe ser interpretado por procedimientos generales. En términos de Schneider y Shiffrin se considera que es una fase guiada por un proceso controlado. Es la activación de una “secuencia temporal de nodos bajo el control y la atención controlada del sujeto” que es de capacidad limitada, “aunque el coste de dicha limitación en la capacidad sea compensada por la facilidad con la que este tipo de proceso es configurado, modificado y aplicado en las situaciones nuevas para las que las secuencias automáticas nunca han sido aprendidas” (Schneider y Shiffrin, 1977, p. 2-3).

Durante la siguiente etapa, la interpretación repetida de ese conocimiento declarativo conduce a nuevas producciones gracias al proceso de compilación que aumenta la eficacia evitando la necesidad de recuperación consciente. Así, el conocimiento comienza progresivamente a estar implícito en el sistema de producciones y la memoria consume menos recursos cognitivos. De esa manera llegamos al subproceso de procedimentalización, en el que toda la secuencia de producciones finalmente se unifica y se obtiene una macroproducción para la que ya no existe la necesidad alguna de recurrir a la memoria explícita. El éxito de este último subproceso depende de la práctica intensiva del sujeto. Este proceso automático se define como la activación de una secuencia de nodos que “casi siempre se activa como respuesta a una configuración estimular específica” y que “se activa de manera automática sin necesidad de control activo o atención por parte del sujeto” (Schneider y Shiffrin, 1977, p. 3). La peculiaridad más relevante de este proceso es que se da sin control (ni atención consciente) por parte del sujeto y “opera a través de un juego permanente de conexiones” que, como ya se ha comentado, “requiere de una considerable cantidad de práctica para desarrollarse” (Schneider y Shiffrin, 1977, p. 3).

La propuesta inicial de Schneider y Shiffrin (1977) sobre la existencia de procesos automáticos y controlados se apoyaba, y lo sigue haciendo, sobre los beneficios que estas dos formas cualitativamente diferentes de procesamiento tienen para el ser humano y de cómo se complementan. Así, un único proceso por sí solo no explicaría el aprendizaje de habilidades tal y como se concibe hoy en día. Una de esas ventajas que aporta el procesamiento controlado, aunque éste sea lento, requiera esfuerzo y sea poco robusto ante los estresores, es que los sujetos pueden adquirir las reglas básicas de una nueva habilidad en muy pocos ensayos almacenándolas como conocimiento declarativo. Además, nos permite atender a estímulos críticos en un contexto particular ignorando otros que habitualmente también son críticos (como mirar al niño que aparecerá tras una pelota en la carretera aunque nuestro semáforo esté en verde). También hace que los conocimientos sobre habilidades puedan enseñarse entre individuos u observarse en el medio. Por último, permite planear y ejecutar conductas dirigidas a metas conscientes. En cualquier caso, la coordinación de muchos estímulos sensoriales y respuestas motoras sería inviable si solo existiera el procesamiento controlado, para el que su naturaleza de recursos limitados es, sin duda, un problema. Así, aunque requieran un tiempo de práctica importante, los procesos automáticos emergen como solución a dicho problema, haciendo que la retención a largo plazo de las habilidades sea robusta ante los estresores y puedan ejecutarse muchos procesos en paralelo.

Referencias.

Anderson, J. R. (1982). Acquisition of cognitive skill. Psychological Review, 89, 369-406.

Schneider, W., y Shiffrin, R. M. (1977). Controlled and automatic human information processing I: Detection, search and atention. Psychological Review, 84, 1-66.

Puede consultar el artículo completo en:
Ruiz Sánchez de León, J. M., Fernández Guinea, S. y González Marqués, J. (2006). Aspectos teóricos actuales de la memoria a largo plazo: de las dicotomías a los continuos. Anales de Psicología, 22(2), 290-297.